Ecatepec y el miedo La pregunta de investigación de la cual se parte es: ¿cómo influye la habitabilidad del espacio social distinguiendo entre los habitantes originarios y avecindados de Ecatepec en las percepciones, experiencias y expresiones de sus miedos? Ello con el fin de llevar a cabo una descripción exploratoria y comparativa de estos en seis situaciones de estudio definidas como atmósferas emocionales.
Política de seguridad
Política de entrega
Ecatepec, miedos y atmósferas emocionales
Eduardo Osiel Martell Hernández, autor.
Introducción.
Ecatepec y el miedo La pregunta de investigación de la cual se parte es: ¿cómo influye la habitabilidad del espacio social distinguiendo entre los habitantes originarios y avecindados de Ecatepec en las percepciones, experiencias y expresiones de sus miedos? Ello con el fin de llevar a cabo una descripción exploratoria y comparativa de estos en seis situaciones de estudio definidas como atmósferas emocionales.
El municipio de Ecatepec de Morelos está localizado en el sector nororiente del Valle de México, totalmente conurbado a la Ciudad de México y forma parte del estado que lleva el mismo nombre que esta; en el censo de 2020 contaba con una población de 1 643 623 habitantes de acuerdo con el Inegi (2023), siendo la cuarta unidad administrativa local más poblada del país, la segunda de la aglomeración urbana de la capital mexica na y la primera del Estado de México.
En diversos estudios que se han llevado a cabo sobre el municipio de Ecatepec, los autores concuerdan en que es posible abordarlo de manera exploratoria estableciendo una clara distinción entre las situaciones aso ciadas con sus poblaciones de “originarios” y “avecindados”. De acuerdo con Olivera Martínez (1994), Mejía (2015, 2017 y 2019), Espinosa (2008 y 2010), Bassols y Espinosa (2011), Olivera Castro (2010), Vázquez (2015), Cruz (2015), Araiza y Martínez (2016), Hernández (2016), Mejía y Pedrot ti (2020), así como para Bassols y Espinosa (2011), Ecatepec fue un: un contingente mayor a los 50 000 obreros laboraba en las fábricas instaladas en el municipio. Acaso su punto culminante de desarrollo industrial (Bassols y Espinosa, 2011: 184-185).
Ideas similares sostiene Hernández (2016), para quien “los orígenes de la población de Ecatepec pueden rastrearse a las épocas prehispánicas, aunque para entender el proceso de urbanización y crecimiento demográfico, basta con analizar los últimos 50 años” (Hernández, 2016; 44); el estudio de Ecatepec desde su espacio aparece como una distinción inicial entre sus poblaciones de originarios y avecindados.
Las investigaciones sobre Ecatepec conllevan un ejercicio recurrente de mirar la historia del municipio para entender cómo se han articulado los fenómenos específicos que se pretenden explicar, considerando, a su vez, las distinciones entre el origen de sus poblaciones actuales, cimentadas en el periodo anterior a la modernización del territorio (Giménez, 1995) o con posterioridad a este.
Es por ello que el objetivo en este trabajo es estudiar de manera exploratoria (Calderón, 2009) y comparativa (Ragin, 1987; Bautista, 2019) la distinción espacial que ocurre en la sensibilidad “miedo” en el municipio de Ecatepec de Morelos, en seis espacios que se relacionan con sus poblaciones recién migradas y las que suponen una continuidad histórica de siglos. Ello implica considerar el estudio del miedo como parte de una perspectiva más amplia de sociología de las emociones o estudio de la dimensión emocional de lo social (López, 2019), aplicada al municipio de Ecatepec de Morelos.
Se trata de la dimensión emocional como una categoría de análisis que busca rebasar las dicotomías entre cuerpo y mente, estructura y agencia, expresión y experiencia, naturaleza y cultura, razón y emoción, así como eliminar el problema de cosificación y reificación de emociones. Del mismo modo se pretende reconocer la interrelación entre los elementos fisiológicos, cognitivos, lingüísticos y materiales de las emociones, conectados con la vida de la experiencia sensible de los sujetos y su variabilidad histórica y social (López, 2019: 11-12).
Operacionalizar un estudio de la dimensión emocional significa reconocer la existencia del fenómeno emoción, sensibilidad, afecto, sentimiento, etc.,1 como parte de una permanente relacionalidad biología-cultura en ambos sentidos, es decir, sin que exista un determinismo de alguno de ellos, sino un mutuo condicionamiento (Martínez Hernáez, 2008), por lo que para estudiar las emociones en Ecatepec es indispensable conocer las percepciones (biología), experiencias (psicología) y expresiones (cultura) de sus habitantes en un sentido social amplio, donde el cuerpo material y los símbolos como etiquetas que se adscriben a las emociones siempre se encuentran asociados.
Dicha dimensión sensible del estudio de Ecatepec tiene, entonces, una clara relación con la lectura de sus espacios y situaciones, pues hablar de emociones es necesariamente hablar del cuerpo como espacio de conocimiento de la realidad social (Scribano, 2012), esto es, el lugar se habita desde las sensaciones corporales que en él ocurren y como estas son etiquetadas, gran parte de los escritos actuales se han beneficiado del matiz del ‘trabajo corporal’, después de todo, nuestro primer y principal, más inmediato e íntimamente sentido como geografía es el cuerpo, el sitio de la experiencia emocional y la expresión por excelencia. Las emociones, para estar seguros, tienen lugar dentro y alrededor de estas escalas espaciales más cercanas (Davidson y Milligan, 2004; 523).
Aunado a esto, el miedo posibilita que dicha impronta corporal situada adquiera relaciones aún más específicas con el espacio que se habita y el cuerpo que vive esa condición; el miedo es una emoción que, aunque exista simbólicamente como potencia, se siente en el cuerpo como fisiología más allá del objeto por el cual uno teme (Ahmed, 2015; Antón, 2015; Carreón y de la Cruz, 2012; Gutiérrez, 2006; Jasso, 2013; López y López, 2017; Massumi, 2010; Nievas, 2014; Parra, 2000; Paternain, 2012), lo cual coadyuva a la de limitación de ciertos espacios, ya sea para restringir o permitir la convivencia.
Las emociones pueden involucrar lecturas de apertura, como espacios donde los cuerpos y los mundos se encuentran y se filtran entre sí. El mie do implica leer tal apertura como algo peligroso; la apertura del cuerpo al mundo implica una sensación de peligro, que se anticipa como un futuro dolor o lesión. En el miedo, el mundo presiona contra el cuerpo; el cuerpo retrocede del mundo en el deseo de evitar el objeto del miedo. El miedo implica encoger el cuerpo; restringe la movilidad del cuerpo precisamente en la medida en que parece preparar el cuerpo para la lucha. Tal encogimiento es significativo: el miedo trabaja para contener algunos cuerpos de modo que ocupen menos espacio. De esta manera, las emociones trabajan para alinear el espacio corporal con el espacio social (Ahmed, 2015; 69).
Índice
Introducción.
Ecatepec y el miedo Análisis: ¿cómo el miedo estructura la habitabilidad de Ecatepec?
Conclusiones: Ecatepec y sus miedos
Fuentes de consulta
México
Año: 2026
Páginas: 26
ISBN: 978-607-2620-45-2 (volumen 15)
check_circle
check_circle
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado